Mi salvador en la calle Hastings.
- Sofia Duque
- 16 mar 2023
- 7 Min. de lectura
Me acuerdo que tenia una camisa amarilla, un morral gris, tenis blancos y el pelo recogido. Fue en el verano del 2022, mas o menos el 8 de agosto salí de la casa de Raquel, la mejor amiga de mi mamá.
Raquel vivía a media hora del centro de Vancouver, y me había explicado con exactitud que buses tomar para regresar a la casa.
Estuve todo el día caminando el centro, almorzando, tomando fotos y haciendo una que otra compra. Ya eran casi las 4 de la tarde cuando decidí regresar a la casa, y fue ahí cuando recordé que un día antes Raquel me había llevado al centro y habíamos pasado por la calle Hastings, o cómo yo le digo: el Bronx de Vancouver.
Son mas o menos 8 cuadras donde se concentran todos los habitantes de calle de Canadá, si, de Canadá. Ya que el gobierno los refugia en Vancouver para que no se mueran de frio en las otras ciudades, donde la temperatura baja hasta los -40^, ademas el gobierno les suministra metadona, para así controlar las enfermedades y los riesgos de que ellos mismos consigan los alucinógenos.
Regresando en la historia, a las 4 de la tarde me subí en el bus R5, el que me llevaba de Regreso a la casa de Raquel. El bus comenzó y luego de 3 paradas empece a ver letreros en chino, habitantes de calle, personas discutiendo y vías que no parecían tan ordenadas como lo era casi todo Canadá. Escuche que una de las pasajeras le preguntaba al conductor si el bus iba para el el Metrotown, un centro comercial cercano a la casa de Raquel. Este, enojado, le dijo que no y le pidió que se bajara del bus, sentí angustia, y no pensé en nada mas que preguntarle al conductor por mi dirección; acto seguido el también me pidió que me bajara del bus. Ahora pienso que tal vez el señor no había tenido un buen día.
Cuando me baje del bus y trate de buscar en mi celular mi ubicación, recordé que ya no tenia plan de datos y que mi sim card estaba inactiva. Ahí mi corazón empezó a latir mas rápido de lo normal. Mire a mi alrededor y solo veía escenarios que le ayudaban a mi corazón a acelerarse, trate de caminar a la derecha y me encontré un grupo de hombres con rastras y pinta de Bob Marley, cuando me vieron empezaron a murmurar y a mirarme, no tuve otra opción que caminar a la izquierda.
No llevaba ni 30 segundos caminando cuándo vi un hombre en una esquina revisando una billetera que me atrevería a decir que no era de el. Yo solo trataba de buscar en medio de las calles una cara amigable a la cual pedirle ayuda, decirle que estaba perdida, que extrañaba mi casa y que si por favor podía llamar a Raquel. Pero no, cada vez mi corazón latía mas rápido y las caras que veía menos confianza me daban.
Y recuerdo justamente cuando empece a ver las carpas y sentir que estaba en el lugar equivocado. Baje la cabeza y empece a caminar rápido, solo veía vidrios, jeringas, ropa sucia, zapatos y basura. Al principio estaba caminando hasta que sentí el primer grito, mi corazón ya no podía latir mas rápido o se me iba a salir de mi pecho, empece a correr y ellos se dieron cuenta que estaba asustada, que estaba vulnerable, que ya conmigo podían hacer cualquier cosa.
Por mi cabeza solo pasaba un pensamiento “si algo me pasa, nadie va a pensar que estoy acá” así que la adrenalina subió desde la punta de mis pies hasta la cabeza. Mire el teléfono ,4:30, lo guarde en el bolso, y empece a correr; como quien lo hace para salvarse la vida.
Una cuadra, dos cuadras, tres, cuatro, cinco y nada… cada vez el escenario empeoraba, ellos me miraban, me gritaban, se reían, me asustaban, me trataban de empujar, me hacían caras. Yo sentía que tenia 3 años y acababa de entrar a la casa del terror donde todos jugaban a asustarme. Mi mente estaba en blanco, me acuerdo que el sol me daba en la cara y yo cerraba los ojos para correr entre las calles.
Los veía a ellos tirados en la calle, veía carpas llenas de ropa, de basura, de maletas. Alrededor de ellos habían nos trapos negros donde exhibían zapatos y camisas que al parecer estaban en venta, en ese momento no lo pensé pero ahora digo ¿Quién les comprara eso? ¿De dónde lo sacan?.
En una de esas veces que por fin corrí con los ojos abiertos vi mis pies, los volví a ver como hace muchos años no los veía, desde que tenia 12 años y competía en atletismo no recordaba que mis piernas se movían tan rápido. Por fin empece a ver carros, sin embargo aun seguía ahí, en medio del Bronx, bueno en realidad era la calle Hastings. Y fue ahí cuando vi nuevamente el bus R5, trate de detenerlo para subirme pero en Canada los buses solo paran en los paraderos establecidos. El conductor ni siquiera me miro, parecía que los que estábamos en la calle Hastings no importábamos en lo absoluto, parecíamos invisibles.
Y fue ahí cuando cayo mi primera lagrima, se combino con mi sudor, con el miedo, con la desesperación. Entonces por fin vi una puerta limpia, tenia un letrero verde con luces, y mi instinto de supervivencia pensó que entrar iba a salvar mi vida. No leí el letrero, mucho menos me fije en las imágenes, solo empuje la puerta y me puse a llorar.
Alce la cabeza y habían dos hombres completamente tatuados mirándome, y yo ahí llorando, los mocos se me salían, mi respiración no se tranquilizaba, mi corazón ya se me había salido y lo había dejado en alguna calle de Vancouver. Volví a levantar la mirada y estaba en una tienda de cannabis. Uno de los hombres se me acerco, era calvo, sus orejas perforadas, en su cuerpo no cabía un tatuaje mas, era blanco y para mi sorpresa me hablo en español, bueno intento hablarme en español.
Me trajo un vaso de agua porque por mas que el trataba de hablarme, yo solo lloraba, me ahogaba, volvía a llorar y me inundaba en mi respiración.
Saque el teléfono, 5:20, llevaba nada mas y nada menos que 50 minutos corriendo como una loca y por fin había podido detenerme. Cuando pude sacar todas las lagrimas de mi boca le dije que me ayudara, que estaba perdida, que no sabía donde estaba, que necesitaba ir a la casa de Raquel. Y fue ahí donde aprendí una lección, las personas valemos mas por lo que llevamos adentro que por lo que mostramos afuera.
El señor me acompaño hasta la próxima parada del bus, me deseo mucha suerte, me consoló y me dijo que todo iba a estar bien. La parada del bus quedaba en una de las cuadras de la calle Hastings, ya no tan adentro pero aun habían habitantes de calle, gente drogada y mas que todo punkeros . Estaba ahí parada abrazándome a mi misma, tratando de parar de llorar, y entonces pasaron dos punkeros, aún puedo verlos cuando cierro los ojos. Uno era gordo, blanco y se veía sucio. El otro tenia una cresta rosada, una camisa de cuadros y un chaleco. Me miraron, yo trate de evadirlos, y el del pelo rosado me dijo “Mocosa estas llorando” y se empezaron a reír, y ahí nuevamente me morí del miedo, y empece a llorar. Y entonces llevo Salvador; mi salvador.
Era alto, moreno, tenia una camisa blanca y una sonrisa que me hizo sentir en Colombia. Se acerco y me pregunto que si estaba bien, me ofreció un abrazo y fue así como su camisa blanca se lleno de lagrimas y de mocos míos, yo solo lloraba y lo abrazaba, le conté toda la historia y el me contó que su mamá se llamaba Sandra y era Colombiana. Después de abrazarlo supe que estaba a salvo, que todo había terminado y que cada vez estaba mas cerca de volver a ver a mis papás en Colombia, que ya Raquel no iba a tener que buscar mi cuerpo en la calle Hastings.
Salvador también estaba esperando el R5, así que nos fuimos juntos casi todo el camino, me contó de su vida en Canada y de las ganas que tenia de conocer Colombia, le hable sobre mi familia, el por qué estaba en Canada y de vez en cuando volvía a llorar. Se bajo 3 estaciones antes de la casa de Raquel, pero me pidió que cuando llegara a la casa le avisara que estaba bien.
Esta semana cuando escuche a la congresista Susana Boreal hablar sobre el uso diario de la marihuana pensé una sola cosa: en esas infinitas cuadras de la calle Hastings ¿Cuántos sueños no se murieron? ¿Cuántas mamás hay extrañándolos ? ¿Cuántos hogares no se destruyeron? ¿Cuántos genios no se perdieron? ¿Cuántos corazones no se perdieron? Y podría asegurar que la gran. Mayoría empezó con algo que Susana llama normal, la Marihuana del día a día.
La Marihuana no es una planta como el café, la marihuana en una cuerda floja a la que no hay necesidad de subirse. Porque una vez estas arriba vives en la constante incertidumbre de que cualquier día puedes caerte, y caer a las calles, o a una droga cada vez mas fuerte y dependiente.
Y fue así como esa noche volvía llorar mientras le contaba a mis papas, a Raquel, tenia pesadillas y ahora siempre es la historia con la que rompo el hielo a conocer a alguien. Para mi la calle Hastings fue entender que en este mundo donde todos parecemos humanos las drogas nos quitan la mitad de la humanidad que un ser humano puede tener.
Una vez llegue a la casa de Raquel, y pude sentirme mas tranquila tome el teléfono y le escribí un mensaje a mi Salvador: “Salvador ya llegue a la casa, estoy intensamente agradecida. Hoy fuiste un angelito que Dios me puso en el camino”.




Comentarios